Saber apreciar una canción es tener el tiempo y la generosidad, con la música y con uno mismo, de vislumbrar y dejarse mecer por una voz sinuosa y casi imperceptible entre montañas de decibelios; entender porqué sus autores han querido tener una y otras juntas en ese instante, y disfrutar de la armonía, el contraste y la emoción que explotan en cada una y en la combinación de ambas. Disfrutar de la música es entonces ser capaz de hacer borrón y escuchar a un cantautor y su guitarra, o su piano, y emocionarse igualmente, por otros mil motivos distintos. Disfrutar de la música es librarse de los estúpidos prejuicios. Es no cerrarse a estilos, idiomas, o formas: es sólo disfrutar de las emociones.
Entender una canción es no quedarse en la superfície. Ni la letra, ni la melodía, ni los acordes, ni la duración, sino tod@s ell@s en su conjunto, con la intensidad necesaria de cada cosa.
Una verdadera canción no nos remite a lugares, momentos o personas sólo porque sonara allí o entonces, o en aquella compañía. Cuando una canción es genuina, y tan nuestra, tan personal y privada, que sentimos que nos habla directamente a nosotr@s, es porque lo hace sin trampas, sin artificios, en nuestro idioma emocional, porque está hecha con sentimientos, con la autenticidad que distingue a la música verdadera, que es capaz de transmitir las entrañas con mil formas distintas. Es entonces cuando cada melodía, cada cadena de notas contiene esa idea, ese pedazo de espíritu, que entendemos perfectamente, porque nos parece que estamos oyéndolas hablar sola y directamente a nosotros. Incluso puede que alguna vez, cuando nada nos acompaña, esas palabras en forma de melodía no consigan meternos dentro de la canción, pero nuestra idea, nuestra sensación, están ahí siempre, en nosotros, de cualquier forma. Cortar una canción, que es el canal de comunicación de esas sensaciones, es enmudecernos; interrumpirla es matarla y callarnos a nosotr@s mism@s, cuando nos está expresando generosamente su dolor, su alegría o su ira. Una canción es como una conversación con nosotros mismos.
Todo está en las canciones, todo está en la música. Y es que todo lo que pensamos, todo lo que sentimos, ya lo ha cantado alguien por nosotros. Y por qué no, quizá también para nosotros.
Y algunas canciones son siempre la canción.
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Es de fuego, es de fuego,
ResponderEliminarel contacto de tus cuerdas y mis dedos.
Fue difícil, pasó el tiempo
metal, madera,
se ensartan en mi cuerpo
y tocaré y tocaré
hasta que mis dedos sangren,
aquellas notas
que esculpías para mi.
Y no me perderé,
y no me perderé
en las palabras
corrompidas por el uso.
Esas cuerdas
gritaron mi nombre
atravesaban tabiques invisibles
Son mis venas, son mis venas
y la música fluye bien por ellas
y tocaré y tocaré
hasta que mis dedos sangren,
aquellas notas
que esculpías para mi.
Y no me perderé,
y no me perderé
en las palabras
corrompidas por el uso.
Oh música, tu siempre me fuiste fiel.
Oh música, oh música.
Tahures Zurdos
Hay tantas cosas que decir...
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